ROBERTO EZEQUIEL RAPETTI

BIOGRAFÍAPOEMASCUENTOS

Cuentos, relatos, historias.

Todos tienen algo de real en un mundo de fantasía.

Aunque, quizás, el mundo que llamamos realidad no sea del todo real, y estas historias no sean del todo fantasía.

Al final, toda historia es apenas un espejo deformado donde la vida se reconoce a sí misma.

Miedo

¿Te hablé sobre el Kybalion y la filosofía Hermética alguna vez?

Puede que a esta altura la memoria me falle un poco.

Creo que con anterioridad a tu cumpleaños número diez tuvimos algunas charlas sobre las leyes del Kybalion.

Si ya te lo conté, te pido disculpas anticipadas.

Los conceptos de ese libro están basados en conocimientos de Hermes Trismegisto y expone los siete principios herméticos que rigen el universo.

Fue publicado en 1908, aunque la sabiduría hermética data del siglo III d. C.

Uno de los principios era el de polaridad.

Todo es dual; todo tiene polos; todo su par de opuestos.

Los semejantes y desemejantes son los mismos.

Los opuestos son idénticos en naturaleza, difiriendo solo en grado.

Los extremos se tocan.

Todas las verdades son semiverdades.

Todas las paradojas pueden reconciliarse.

Esta tercera carta es sobre el miedo, lo opuesto al amor.

Puedes pensar que el odio sería el otro extremo por excelencia y quizás tengas razón.

Pero considero que lo que nos aleja del amor es el miedo, no el odio.

Entonces en un extremo de la dualidad humana tenemos al amor y en el otro extremo el miedo.

Durante la vida nos vamos balanceando de un lado a otro dependiendo las situaciones que enfrentemos.

¿Por qué tenemos miedo?

¿Nacemos con él?

Nunca vi a un niño pequeño tener miedo.

Incluso ponen su vida en constante riesgo.

Es una cualidad que vamos incorporando a medida que crecemos.

La sociedad interactúa con nosotros con sistemas de premios y amor, castigos y miedo.

Así vamos polarizando las emociones de acuerdo a nuestro contexto social.

Así comenzamos a temer ciertas cosas y a amar otras según los mandamientos familiares y sociales.

Sofía, espero no haberte nunca sembrado la semilla del miedo.

¿Pero cómo saberlo en este momento?

Algo de miedo tenemos que tener.

No podemos andar por la vida actuando temerariamente porque un día quizás terminemos mal.

Sin embargo tampoco podemos vivir todos los días el mismo día durante 30 años.

Por no hacer algo diferente.

Por no hacer algo que tememos y deseamos.

El miedo no solo es una emoción humana.

Los animales también lo sienten y actúan en consecuencia.

Un perro puede escapar de una pelea con el rabo entre sus piernas.

Aceptando el dominio territorial de su contrincante.

Los lobos deben aceptar al alfa.

Si lo desafían, deberán pelear a muerte para ser el líder de la manada.

Los países sufren el miedo.

Ante amenazas de bloqueos comerciales o directamente por medio de la violencia bélica.

Con lo cual el miedo no solo es una emoción animal.

Sino además, un instrumento de dominación.

De persona a persona.

De gobierno a ciudadano.

O de gobierno a gobierno.

Sócrates decía que el miedo es la falta de virtud que es producto de la ignorancia.

Y que las personas verdaderamente sabias no deberían temer a lo desconocido.

Sus más grandes discípulos Platón y Aristóteles tenían una opinión similar.

El miedo para estos pensadores tiene que ver con la ignorancia y la falta de virtud.

Schopenhauer, el pesimista, veía al miedo como una manifestación de la voluntad de vivir.

Decía que el miedo es inevitable porque el sufrimiento es inherente a la existencia.

Como sabemos que vamos a sufrir, tenemos miedo constantemente.

El miedo es el sufrimiento que trae el futuro antes de que llegue.

Por su parte el estoicismo, con Séneca como portavoz, decía:

Sufrimos más en la imaginación que en la realidad.

El miedo es la anticipación del mal.

Sofía, siento que el miedo siempre va a ser parte de nuestra esencia.

Con las cosas que percibimos y vemos en este mundo es imposible no temer.

No todo miedo es malo.

Muchas veces nos protege de situaciones que podrían ponernos en peligro.

Toda mi vida estuve rodeado de miedos.

Incluso en mis últimos días, sabiendo que no quedaba mucho, algunos miedos aún rondaban por mis pensamientos.

Creo que hay algo poético al superarlos.

Un arte en el desafío de pasar sobre ellos.

Así como la muerte le da valor a los pequeños triunfos de nuestra vida.

Al sabernos mortales, el amor nos impulsa a superar nuestros más grandes miedos.

El corazón tiene razones que la razón no entiende.

Recordarás esta frase cuando escuchábamos juntos El final es en dónde partir de La Renga.

Pero no fue Chizzo quien pensó en esto, fue Blaise Pascal.

Pascal decía que la razón tiene límites.

Y que hay aspectos de la existencia humana como la fe y el amor que trascienden la lógica racional.

Con mi amigo Pascal, te queremos decir que no importa qué tan grande sea el miedo.

Siempre vas a encontrar la forma de superarlo.

Esos son nuestros pequeños triunfos diarios.

Es normal sentir miedo, pero no dejes que te paralice.

No te olvides que estamos en un sueño dentro de un sueño mucho más grande.

Cuando siento miedo, utilizo mi razón para saber que aunque mi cuerpo pueda morir, mi alma es inmortal.

Y que pase lo que pase siempre voy a estar bien.

Por último te dejo con una frase de un primo Kant.

El miedo crea esclavos; sola la razón puede hacernos libres.

Nunca dejes que el miedo se transforme en tu cárcel.

Muerte

Sofía no le temas a la muerte.

Creo habértelo preguntado, y me respondiste que no.

Yo no tuve miedo.

Ernesto Sabato dijo:

La muerte le da sentido a la existencia.

De grande uno se da cuenta que todo lo que le pase, incluso sobre todo lo malo, le da valor a la vida.

Y la muerte que es lo peor, lo más trágico, valoriza toda la vida.

Cualquier cosa por insignificante en apariencia que sea, cualquier pequeña realización, tiene mucho valor porque uno se va a morir.

Son pedazos de absolutos que uno arranca a la existencia que es relativa.

El arte es un intento de lograr momentos perfectos.

Y todos esos momentos son valorizados porque existe la muerte.

Si fuéramos eternos nada tendría mayor importancia.

Lo que yo no hago ahora lo puedo hacer dentro de cuatro siglos.

Es la muerte lo que valoriza cada pequeño hecho.

El amor de una madre por su hijo.

El cariño de un hombre por su camarada en la guerra o en la lucha cotidiana.

Todo está valorizado porque somos perecederos.

Porque no somos eternos.

Sabato comparte la visión del filósofo Martin Heidegger.

Él sostenía que la conciencia de la muerte es lo que da sentido a la existencia.

Es una gran definición sobre la muerte.

Es un regalo.

Es la valoración de todo lo que somos y hacemos.

Es el nacimiento.

El abrazo.

El beso en la frente al niño.

El beso entre amantes.

Las lágrimas.

Las puteadas.

La pasión.

Todo tiene sentido por la muerte.

Al contrario de lo que muchos pueden pensar sobre el amor como motor de vida.

Permíteme decirte que la muerte es el motor de vida.

Es la idea de finitud lo que nos brinda una inspiradora insignificancia.

Viviendo 80 años promedio, es una chispa nuestro tiempo al lado de los 13.800 millones de años que tiene el universo.

Esto no debería causarte ninguna tristeza.

Nuestra real insignificancia permite derrotar al miedo.

¿Qué realmente pierdes?

¿Qué realmente ganas?

¿Qué te vas a guardar?

Este paso es tan corto que cuidado con perder el tiempo.

He visto personas llevar la misma vida 60 años.

Repitiendo su rutina día tras día.

Prácticamente en una estructura perfecta.

Por favor no hagas eso.

Seguí tus deseos más profundos.

Tené en tu corazón sueños que perseguir.

Quien no sueña ya está muerto.

Puede que exista pero no vive.

Me da miedo que te atrape la rutina incansable de los que no sueñan.

De los que no viven.

Ellos nunca van a crear algo bonito.

Porque su corazón se va marchitando día a día en una rutina mecánica.

Cuando tenías cuatro o cinco años, te enojabas mucho cuando llegaba la hora de dormir.

Entonces yo me acostaba a tu lado.

Y con los pocos segundos que me quedaban de vigilia, te miraba a los ojos.

Y te decía que nunca te vayas a dormir enojada.

Que me abraces y que me des un beso.

Que no sabemos si mañana vamos a despertar ambos o alguno va a quedar en el camino.

Te deseo que la muerte te encuentre muy tarde.

Y que el día que te encuentre la mires a los ojos y la tomes de la mano sin miedo.

Hasta podrías cantarle Canción para mi muerte al oído.

Hay otra parte que viene con la muerte.

Que los filósofos venimos discutiendo desde el principio de los tiempos.

¿Qué hay después de la muerte?

¿Es el fin de todo lo que existe?

¿Es una transformación hacia otra cosa o lugar?

Si bien son preguntas que el ser humano se hizo a lo largo de la historia, no tienen respuesta.

Nadie volvió de la muerte.

Por lo menos siendo la misma persona.

Esto le da una sensualidad a la muerte que no muchos otros conceptos tienen.

Platón veía a la muerte como la liberación del alma del cuerpo.

Y el regreso a lo que él llamaba el mundo de las ideas.

Donde la verdad y el conocimiento absoluto existen.

Al igual que su maestro Sócrates, pensaba que el alma era inmortal.

Y preexistía antes de encarnar en un cuerpo.

Por lo que la muerte era solo una transición.

Incluso Sócrates iba más allá.

Y decía que la verdadera filosofía es un ejercicio para la muerte.

Porque busca desapegarse de lo material y acercarse a lo eterno.

Todos los grandes pensadores que existieron los últimos 3000 años ven a la muerte como una transición.

Los más pesimistas como Schopenhauer la veían como la liberación del sufrimiento de la vida.

Y la vuelta al estado previo al nacimiento.

Coincido con ellos en que la muerte es una transición a un estado diferente.

Me animo a decir sin tiempo ni espacio, que son propios de la tierra.

Entonces no seríamos nosotros los que morimos, sino nuestros cuerpos.

Solo la materia puede morir.

En mis últimos años de vida me costaba mucho distinguir los sueños de la vida real.

¿Y si lo que conocemos como vida real no es más que otro tipo de sueño?

¿Cómo distinguimos lo real de lo onírico?

En ambos tenemos pensamientos, sentimientos y emociones.

Amamos, odiamos, hablamos y percibimos nuestro entorno.

Incluso somos capaces de tener un orgasmo.

¿Cuál es el sueño entonces?

Perdón, no quise confundirte.

Pero de esto se tratan nuestras discusiones filosóficas.

De encontrar más preguntas.

¿Qué sentido tendría todo esto si ya tuviéramos las respuestas?

A mí me costaba distinguir.

Incluso descubrí algunos recuerdos que no habían pasado en mi estado de vigilia.

Estaba completamente seguro que habían sucedido.

Pero no, solo existieron en el mundo onírico.

Vuelvo al tema de esta epístola.

Morimos físicamente, pero algo de nosotros trasciende.

Lo que éramos antes de nacer, seremos después de morir.

Sin tener certeza de qué sea.

A principios del siglo 20 se realizó un experimento pesando a las personas justo antes y justo después de morir.

El resultado arrojó una pérdida de peso de aproximadamente 21 gramos.

De ahí que exista la idea popular de que el alma pesa cerca de los 21 gramos.

Este experimento no es reconocido científicamente.

Por haberse realizado con poco rigor metodológico.

Sin embargo, la ciencia nunca va a poder explicar ciertas cosas.

Sofía, ¿no te parece interesante saber qué hay después de la muerte física?

Espero que tardes muchos años en descubrirlo.

Pero cuando llegue ese día voy a estar ahí ayudándote en la transición.

No hay comentarios aún.